El primer nieto, cuando aún no ha cumplido los dos años, convierte al abuelo en un espectador entusiasta de lo cotidiano. Todo lo que hace el niño —gatear hacia una esquina, golpear una cacerola, mirar fijamente una mosca— le parece al abuelo un prodigio de la naturaleza. No porque sea excepcional, sino porque en esos gestos mínimos se reconoce a sí mismo, como si el tiempo hubiera dado la vuelta y se lo devolviera en versión reducida. El niño se cae y se levanta: lección de filosofía práctica. Dice una palabra mal pronunciada y el abuelo oye poesía pura. Se enfada, ríe, insiste, y en cada reacción hay una revelación. El abuelo observa con una mezcla de ternura y asombro, convencido de que el mundo empieza otra vez en ese cuerpo pequeño. La baba se le cae sin disimulo, pero no por debilidad: por memoria.
El encuadre, la luz y el colorido de la foto me parecen muy buenos. Quizá la imagen adolece de un cierta falta de contraste, pero en todo caso la foto me gusta. Lo que también me gusta, y mucho, es el texto que la acompaña. Ya he tenido ocasión de alabar, encantado, otros textos tuyos. No me extrañaría que, además de fotógrafo o aficionado a la fotografía, fueras escritor. Saludos.
La foto me encanta por el detalle del niño correteando hacia el pato.
Lo único mejorable para mi es que el niño estuviera también a foco, que parece que está justito de enfoque.
Con el tiempo bonito recuerdo de infancia, difícil discernir entre el texto y la foto. Feliz Navidad.
Un buen momento que has capado perfectamente. Felicidades por este encanto de nieto.
Saludos Mario
Todo está bien en esta foto ,la introducción,composición ,técnica y edición.
Saludos
Creo que debías haber puesto al bebé un pelin más a la derecha, pues se encuentra un pie en la zona donde cambia de pendiente, e iría al agua al apoyar el pie.
Abrazos
Que guapa, el niño y el pato es la foto.
Saludos
