El fin de semana pasado prometí a la fotógrafa, que como el viernes tarde, por hoy, tenía que ir a Ciudad Real a llevar a la grande y recoger al pequeño, se podía venir conmigo y llevarse la cámara, porque “Papá, yo quiero fotografiar la vida”. En el camino le he explicado que no se puede disparar al tuntún, que hay que marcarse objetivos, como buscar coincidencias entre personas, combinaciones de formas y/o colores.
Así que, mientras íbamos hacia la plaza mayor con el objetivo de sentarme en una terraza y concederle el libre albedrío, he visto clarísimamente la ocasión de darle la lección con un ejemplo. Le he pedido la cámara, he esperado el momento justo y he disparado con la seguridad que dan los años. Ves hija lo que te decía, hay que buscar coincidencias y combinaciones. Aquí el amarillo de la chaqueta y el verde de la falda, combinan perfectamente con los mismos colores del escaparate. ¿Entiendes?
Me ha dado un beso en la mejilla mientras me acariciaba la espalda como se acaricia a un perro abandonado y me ha dicho, “Claro que sí, mi papá daltonico. Lo entiendo perfectamente”.
