Ésta mañana me ha saltado la sección de recuerdos en el móvil (yo la llamo así) y entre otras ha aparecido una fotografía de Bacu.
Cuando llegó, sabía decir cuatro palabras en castellano y entendía dos, y al preguntarle por su nombre, contestó sin vacilar “Bakú”…, y con Bacu se quedó, a pesar de que se llamaba Farid y que Bakú era su ciudad natal.
Nunca quiso dormir en el albergue, y si le invitabas a comer, el te devolvía el favor con un dibujo o cualquier otra cosilla manufacturada de cosecha propia. Su casa de invierno era el cajero del Santander y su chalet de verano, un banco del Prado o del Gasset.
Una mañana de julio, amaneció molido a palos, la cabeza abierta, la ceja partida y un poema de César Vallejo escrito en la espalda a puros varazos.
-M’an pegao, Jorge, y me duele.
-Vente a mi casa unos días hasta que te recuperes.
-No, te invito yo a mi banco a cenar…
(…y aquella noche cenamos unas estrellas con tristeza).
Bacu, se fue a la semana siguiente sin decir ni adiós ni hasta pronto, porque los amigos no necesitamos de esas ñoñerías para acordarnos del último apretón de manos.
P.D.: Ésta foto es social pura y dura, así que, visto lo visto, la pongo en “Retratos y fotografía de moda” con la seguridad de que no desentonará.![]()
La imagen tiene el permiso del modelo.
