Me llamó la atención la seguridad, firmeza, de su paso, aun ayudándose de un bastón, quién sabe si más como complemento, recordando a aquellos caballeros de mi niñez para los que el bastón era a su figura lo mismo que la pipa en los labios o los gemelos en la camisa. Sea como fuere, este caballero picheleiro avanzaba por una de las más fotogénicas calles de Santiago, rincón que conozco a la perfección, de modo que me aposté en el lugar que consideré correcto y lo inmortalicé, quizás para esa colección de personajes locales que atesoro después de dieciséis años fotografiando la ciudad y sus gentes.
El foco donde tiene que estar, el desenfoque en su justa medida. Foto digna de un hombre que sabe que en la calle siempre hay que dejar espacio para que corran los chavales.
El punto de vista bajo magnifica al caballero y el desenfoque hace que resalte más su figura.
Quizá un poco más por izquierda y menos por derecha.
También me gusta la edición.
Saludos.